En 1983, un equipo del Instituto Pasteur de París dirigido por Luc Montagnier publicó un artículo en Science en el que describía un retrovirus al que llamaron LAV, aislado de un paciente con riesgo de sida. Señalaron que su papel en la causa del sida estaba aún por determinar. El descubrimiento era real, pero el crédito estaba a punto de complicarse: la carrera por atribuirse la causa del sida fue una de las más competitivas de la ciencia.
El 4 de mayo de 1984, Robert Gallo y sus colaboradores de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. publicaron cuatro artículos en Science en los que demostraban que un retrovirus al que llamaron HTLV-III causaba el sida. El Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. anunció el descubrimiento en una rueda de prensa, lo que consagró a Gallo como el descubridor ante la opinión pública. Pero las investigaciones revelaron después que el virus de Gallo era en realidad la cepa francesa LAV: una muestra enviada desde el Instituto Pasteur había contaminado el cultivo combinado de su laboratorio, y el «descubrimiento» de Gallo se había construido sobre ella.
En 1991, Gallo admitió que el virus que decía haber descubierto era en realidad un virus que le habían enviado desde Francia el año anterior. El Instituto Pasteur demandó por la patente estadounidense de la prueba sanguínea del VIH, y se llegó a un acuerdo en 1987 que repartió las regalías y nombró a Montagnier y Gallo codescubridores. Los NIH investigaron su laboratorio dos veces. En 2008, el Premio Nobel fue para Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi; Gallo quedó excluido.
El Instituto Pasteur demandó por la patente; Gallo repartió las regalías y más tarde quedó excluido del Premio Nobel de 2008.
Gallo reclamó un descubrimiento que pertenecía al Instituto Pasteur. Su virus era la cepa francesa —contaminada durante el transporte— y lo anunció en una rueda de prensa antes de que la ciencia estuviera resuelta.
El gobierno estadounidense respaldó la afirmación de Gallo: el Secretario del HHS anunció el descubrimiento en persona, consolidando el crédito de Gallo en la mente del público y preparando la batalla por la patente.
El laboratorio de Gallo nunca quedó del todo exonerado: la ORI lo declaró culpable de mala conducta científica en 1992 y luego abandonó el caso en 1993 por una tecnicidad, un patrón que dejó la controversia sin resolver.
La disputa por la patente se resolvió repartiendo las regalías, pero la disputa por el crédito científico se prolongó durante décadas y terminó con Gallo excluido del Premio Nobel que esperaba.
Cuando se construye una carrera reclamando un descubrimiento que no es propio, las pruebas acaban saliendo a la luz. El triunfo de Gallo en la rueda de prensa de 1984 fue el inicio de una lucha de 25 años por el crédito.
La disputa Gallo-Montagnier marcó la historia de la investigación sobre el VIH. El acuerdo de 1987 repartió las regalías de la patente y nombró a ambos codescubridores, pero el Premio Nobel de 2008 fue solo para Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi. Gallo calificó la omisión como «una decepción». El caso se convirtió en una advertencia en la ciencia sobre el crédito, la velocidad y los peligros de reclamar un descubrimiento antes de que las pruebas estén resueltas. También dañó la confianza pública en la investigación sobre el sida del gobierno estadounidense: en pleno auge de la epidemia, los dos laboratorios que deberían haber colaborado se disputaban quién había descubierto el virus primero.
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