Pimkie era la cadena de moda de la familia Mulliez —la misma dinastía del norte de Francia propietaria de Auchan, Leroy Merlin y Decathlon— que vendió ropa para mujeres jóvenes en tiendas de toda Francia y más allá durante medio siglo. En 2023 seguía facturando 196 millones de euros y perdiendo dinero que la familia ya no quería financiar.
En febrero de 2023, el grupo Mulliez vendió Pimkie a un consorcio —Lee Cooper France, el fabricante de calcetines Kindy y la turca Ibisler Tekstil— en lugar de financiar él mismo otro plan de recuperación. Los nuevos propietarios heredaron la reestructuración: dos planes de protección del empleo, en marzo de 2023 y enero de 2024, que abarcaban el cierre de unas 100 tiendas y cerca de 500 puestos de trabajo. A finales de julio de 2024, la cadena se había quedado en 154 tiendas y 1.300 empleados, y volvía a los tribunales.
En mayo de 2024 se abrió un procedimiento de salvaguarda; el 30 de octubre, el tribunal de comercio de Lille Métropole aprobó un plan de continuación de dos años: Pimkie evitó la liquidación, con proyecciones que sugerían que podría saldar sus pasivos y recuperar la rentabilidad a partir de 2026. La marca sobrevivió porque un tribunal le dio tiempo y un consorcio le dio un uso; lo que no sobrevivió fue la idea de que una fortuna familiar respaldaría indefinidamente a una cadena de moda de gama media.
Vendida a un consorcio en lugar de subvencionar las pérdidas; un plan de continuación judicial de dos años en 2024 salvó la marca, con rentabilidad proyectada para 2026.
Un conglomerado familiar tiene la moda como una línea de su cartera; cuando la línea pierde, el movimiento racional es vender, no subvencionar: la paciencia del propietario terminó exactamente donde terminaron las pérdidas.
196 millones de euros de facturación sobre una base de tiendas en contracción es un problema de costes disfrazado de ventas; los dos planes de protección del empleo fueron el mismo recorte hecho a plazos.
El plan de continuación funcionó porque el tribunal pudo imponer un tiempo que el mercado no habría dado: la rentabilidad proyectada para 2026 es tanto un artificio legal como empresarial.
La paciencia de un propietario es una partida con un límite: si el plan depende de un respaldo que puede marcharse, hay que poner precio a esa marcha; un plan judicial no es una estrategia, es lo que ocurre cuando la estrategia se queda sin propietarios.
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