Avios es la moneda de fidelización de British Airways (parte de IAG), ganada y gastada por millones de socios británicos a través de The British Airways Club, antes Executive Club. Durante años, el precio en Avios de un vuelo de recompensa se había mantenido más o menos estable, lo que los socios interpretaban como una promesa implícita. A principios de diciembre de 2025, BA anunció que, a partir del 15 de diciembre, los vuelos de recompensa costarían más — tanto en Avios como en efectivo.
La devaluación afectó a todos los vuelos de premio, en BA y en socios de Oneworld como American, Alaska y Japan Airlines. El precio en Avios subió entre un 8% y un 14% en general, y los impuestos y recargos de las aerolíneas en los billetes operados por BA subieron hasta un 20%. Un premio en clase business de Londres Heathrow a Nueva York pasó de 80.000 a 88.000 Avios más unos 410 dólares en tasas; algunos premios de corto radio con socios subieron un 14%. BA dijo que el aumento reflejaba el alza del Impuesto sobre Pasajeros Aéreos y de cargos de terceros, las cambiantes condiciones del mercado y la inflación continuada.
La comunidad de puntos hizo las cuentas ruta por ruta, compartiendo capturas de pantalla del antes y el después. Los socios lo calificaron de «muerte por mil cortes» y de sablazo a los clientes leales; un veterano socio oro estadounidense preguntó por qué debía quedarse si los Avios eran «esencialmente inútiles» para vuelos transatlánticos. La crítica más afilada se dirigió al cambio más amplio — un cambio de marca a The British Airways Club y un giro hacia un estatus basado en el gasto — que los socios sintieron que se había vendido con una alegría engañosa. Los comentaristas señalaron que, por una vez, una aerolínea había admitido simplemente que subía los precios en lugar de disfrazarlo de beneficio.
BA subió ambas mitades de la tarifa a la vez, de modo que los socios vieron una doble devaluación e hicieron las cuentas ruta por ruta, calificándolo de muerte por mil cortes.
BA había mantenido planos los precios de los vuelos de recompensa durante años, así que los socios trataban el precio en Avios como una promesa; cambiarlo se sintió como mover la portería sobre ahorros ya acumulados.
El aumento recayó sobre ambas mitades de la tarifa a la vez — más Avios y más efectivo —, de modo que los socios lo vivieron como una doble devaluación y no como un ajuste.
Se produjo tras un cambio ya impopular del programa (un cambio de marca y un giro hacia un estatus basado en el gasto), así que los socios leyeron los nuevos precios como el siguiente corte de un patrón, no como algo puntual.
BA culpó a costes externos — el Impuesto sobre Pasajeros Aéreos, la inflación —, que los socios oyeron como la misma excusa que usa toda aerolínea, y como prueba de que las subidas seguirían llegando.
Los puntos de fidelidad son una promesa que el emisor puede reescribir a voluntad. Los socios ahorran durante años en torno a un precio implícito; cuando este se mueve, lo que realmente se devalúa es la confianza — y los más leales lo notan primero.
La devaluación se convirtió en un caso práctico de cómo no presentar un cambio de fidelización — y, curiosamente, de cómo sí hacerlo. Los blogueros de puntos que suelen condenar a las aerolíneas por manipular psicológicamente a los socios dieron crédito a BA por decir con claridad que los precios subían y no ofrecer ningún lado positivo. Esa honestidad no detuvo la reacción: los socios publicaron comparativas ruta por ruta, contabilizaron aumentos por encima del 14% anunciado, y algunos dijeron que trasladaban su negocio a alianzas rivales. El episodio reforzó una lección que los programas de fidelización no dejan de reaprender — los puntos son la parte fácil de cambiar, y la confianza es la parte difícil de reconstruir.
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