El 2 de noviembre de 2020, Shell publicó una encuesta en Twitter para su campaña #EnergyDebate: «¿Qué estás dispuesto a cambiar para ayudar a reducir las emisiones?». Solo recibió 199 votos, y se volvió viral por las razones equivocadas. La congresista Alexandria Ocasio-Cortez respondió que estaba dispuesta a exigir a Shell que rindiera cuentas «por mentir sobre el cambio climático durante 30 años», un tuit que recibió 350.000 me gusta. Greta Thunberg acusó a la empresa de «greenwashing sin fin».

La científica Katharine Hayhoe dijo que estaba dispuesta a exigir a Shell que rindiera cuentas por el 2% de las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero a nivel mundial —equivalente a todo Canadá—; Shell ocultó su respuesta, según ella. Peter Kalmus acusó a Shell de manipular psicológicamente al público al enmarcar la crisis como decisiones individuales; el Sunrise Movement, Rainforest Action Network y el corresponsal jefe de clima de CNN —quien comparó la encuesta con «Freddy Krueger preguntando qué estás dispuesto a cambiar para dormir mejor»— se sumaron. El activista Jamie Henn contó más de 4.000 respuestas, y ni una sola positiva.

Las respuestas tenían material de décadas: un informe confidencial de Shell de 1986, revelado por The Guardian en 2017, ya advertía que los cambios «podrían ser los mayores de la historia registrada», y una película de Shell de 1991 decía que esperar la prueba definitiva del calentamiento global sería irresponsable. Mientras tanto, las recientes inversiones de la empresa en bajas emisiones de carbono seguían siendo minúsculas frente a su gasto en combustibles fósiles, y su plan de cero emisiones netas abarcaba solo alrededor del 65% de las emisiones del petróleo y el gas que produce, según el grupo accionista verde Follow This.

199 votos pero más de 4.000 respuestas hostiles; solo la reprimenda de AOC recibió 350.000 me gusta, y Shell ocultó la respuesta de una científica del clima y fue acusada de manipulación psicológica

La pregunta trasladaba la responsabilidad de las emisiones a los consumidores mientras el propio producto de Shell era la fuente de emisiones.

Los críticos podían citar el historial interno de Shell en su contra: el informe de 1986 y la película de 1991 mostraban que la empresa conocía lo que estaba en juego décadas antes.

La modesta inversión en bajas emisiones de carbono y un plan de cero emisiones netas que abarcaba solo parte de las emisiones de producción hicieron que la pregunta se leyera como greenwashing.

Ocultar la respuesta de Katharine Hayhoe agravó la acusación de manipulación psicológica en lugar de responderla.

Pedir al público que cambie cuando tu producto es el problema invita a que te exijan responsabilidades, no a la participación: el anzuelo de interacción solo funciona si puedes sobrevivir a las respuestas honestas.

Ocho horas después de lanzar la encuesta, Shell se despidió con un tono de escarmiento, diciendo que «cambiar el sistema energético requiere que todos pongamos de nuestra parte» y señalando su promesa, hecha la semana anterior, de reconfigurar su cartera de activos y productos para satisfacer las necesidades de energía más limpia de los clientes en las próximas décadas.

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Las fuentes

  1. Shell's climate poll on Twitter backfires spectacularly The Guardian · amp.theguardian.com ·