En octubre de 2020 se supo que la directora ejecutiva de Australia Post, Christine Holgate, había regalado años antes relojes de lujo Cartier a cuatro empleados como recompensa por conseguir un acuerdo lucrativo. En cuestión de días se había apartado —el primer ministro Scott Morrison dijo al parlamento que si no quería apartarse, «se puede ir»— y presentó su renuncia solo 10 días después del 22 de octubre de 2020. Un informe del Senado describió después ese arco: una de las empresarias más influyentes de Australia comenzó ese día como una CEO exitosa y popular y lo terminó «deshonrada y humillada», escondiéndose de los periodistas.

La investigación sobre su salida, presidida por la senadora de los Verdes Sarah Hanson-Young, informó en mayo de 2021 que a Holgate se le habían negado «los principios legales de la imparcialidad procedimental y la justicia natural». Recomendó que el consejo, Morrison y los ministros accionistas se disculparan, y que el presidente Lucio Di Bartolomeo renunciara por «los fallos de la organización con respecto al asunto Holgate» y «la veracidad de su testimonio». Holgate dijo a la investigación que había sido humillada y expulsada contra su voluntad por el presidente; «aceptaría con gracia» una disculpa que nunca llegó.

El gobierno se negó a responder a lo que calificó de informe politizado de una comisión controlada por el Laborismo y los Verdes, y el informe disidente de los senadores de la Coalición disputó la conclusión sobre la imparcialidad procedimental. Morrison expresó pesar por la angustia pero no se disculpó. Di Bartolomeo dijo que Australia Post había cooperado plenamente y se declaró «personalmente comprometido» a permanecer en el cargo.

Una CEO exitosa desaparecida en 10 días; un informe del Senado exigió la renuncia del presidente y que el primer ministro se disculpara

El castigo superó al proceso: la CEO fue expulsada públicamente antes de cualquier conclusión independiente, y el posterior informe del Senado concluyó que se había negado la justicia natural.

El teatro político marcó el ritmo —un «se puede ir» del primer ministro en el turno de preguntas no dejó al consejo margen para calibrar una respuesta proporcionada.

Australia Post destruyó lo que estaba castigando: una CEO que el propio gobierno reconoció como eficaz, entregada intacta a un competidor.

Una ejecución pública sumaria por las apariencias cambia una reprimenda defendible por una injusticia indefendible —y la organización acaba debiendo la disculpa en lugar de recibirla.

Australia Post entró en mediación con Holgate por las circunstancias de su salida y recurrió a un nuevo CEO, Paul Graham, que se incorporó en los meses siguientes. El gobierno dijo que «no tenía intención de responder a un informe politizado»; Morrison expresó pesar pero nunca se disculpó, y Di Bartolomeo rechazó el llamado a renunciar. Semanas después del informe, se anunció a Holgate como directora ejecutiva de la empresa rival de paquetería Global Express, el negocio de Toll Holdings que se vendía a Allegro Funds —y el ministro de Comunicaciones, Paul Fletcher, la felicitó como una «directora ejecutiva eficaz».

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Las fuentes

  1. Christine Holgate backs report saying Scott Morrison should apologise and Australia Post chair should resign ABC News · abc.net.au ·