En 1868, Ernst Haeckel —un destacado zoólogo alemán y profesor de la Universidad de Jena— publicó una famosa serie de dibujos de embriones. Dispuestos en una cuadrícula comparativa, parecían demostrar su teoría de que «la ontogenia recapitula la filogenia»: que cada criatura repite su pasado evolutivo mientras crece en el vientre materno.
Las pruebas estaban falsificadas. Como escribió el biólogo Matthew Cobb en New Scientist en 2015, Haeckel «colocó los dibujos en una cuadrícula comparativa, destacando las similitudes entre especies y difuminando las diferencias», y «los resultados son muy inexactos».
Los críticos no se dejaron engañar por mucho tiempo. A partir de la década de 1870, críticos expertos acusaron a Haeckel de dibujar los embriones más parecidos entre sí de lo que realmente son. Colegas alemanes desenmascararon el engaño y lo presionaron hasta que lo admitió: culpó a su dibujante, y la admisión pronto cayó en el olvido, sin una retractación formal.
Las imágenes sobrevivieron a la corrección. Los libros de texto «las copiaron y volvieron a copiar a lo largo del siglo XX», incluidos los libros de texto de posguerra en Gran Bretaña y Estados Unidos y el libro de texto de biología del desarrollo de Scott F. Gilbert, todavía en 1985. En 1997, el biólogo británico Michael Richardson comparó las figuras de Haeckel con embriones reales y las volvió a exponer. Un siglo después del fraude, se convirtió en el caso de libro de texto del fraude científico.
Haeckel dibujó embriones más parecidos entre sí de lo que son, y los libros de texto volvieron a copiar las falsificaciones hasta 1997, cuando Richardson las comparó con embriones reales y las volvió a exponer.
Falsificó las pruebas para que su teoría pareciera irrefutable: la cuadrícula comparativa destacaba las similitudes entre especies y difuminaba las diferencias, y los dibujos resultantes eran muy inexactos.
La retractación fracasó: bajo presión admitió que los dibujos eran erróneos, pero culpó a su dibujante, y no siguió ninguna corrección clara, por lo que las falsificaciones siguieron circulando.
Los libros de texto volvieron a copiar las imágenes durante más de un siglo sin comprobarlas con embriones reales; una teoría popular mantuvo vivas las falsificaciones mucho después de que los expertos las hubieran expuesto.
Fue necesaria una comparación directa con especímenes reales, en 1997, para terminar lo que los críticos de la década de 1870 habían empezado.
Una figura manipulada que halaga a una teoría popular sobrevive a sus críticos: expuestas en la década de 1870, las falsificaciones de Haeckel seguían apareciendo en los libros de texto en 1997.
Los dibujos se copiaron y volvieron a copiar a lo largo del siglo XX, incluidos los libros de texto de posguerra en Gran Bretaña y Estados Unidos y el libro de texto de Scott F. Gilbert de 1985. En 1997, el biólogo británico Michael Richardson mostró hasta qué punto las figuras se apartaban de los embriones reales, y el asunto se convirtió en uno de los casos de fraude científico más conocidos, todavía invocado hoy en los debates sobre la evolución y la exactitud de los libros de texto. La reputación científica de Haeckel nunca se recuperó del episodio.
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Las fuentes
- University of Cambridge — Haeckel's embryos: the images that would not go away cam.ac.uk
- New Scientist — How fudged embryo illustrations led to drawn-out lies (Matthew Cobb, 14 Jan 2015) newscientist.com
- Evolution of Thinking — A scientist's fraudulent embryo drawings (Richardson, The Times 1997) evolutionofthinking.org