El 1 de agosto de 2018, unas seis semanas después de que Coles retirara las bolsas de plástico de un solo uso de sus cajas en toda Australia, el supermercado anunció que entregaría gratis, de forma indefinida, sus bolsas reutilizables más gruesas de 15 céntimos en Queensland, Nueva Gales del Sur, Victoria y Australia Occidental. Los compradores de Australia Meridional, Tasmania, el Territorio de la Capital Australiana y el Territorio del Norte seguirían pagando 15 céntimos por la misma bolsa. Coles dijo que los compradores necesitaban más tiempo para adaptarse a llevar sus propias bolsas.

La Waste Management Association of Australia calificó el cambio de rumbo de peligroso. «Es sencillamente un desastre», dijo su directora ejecutiva, Gayle Sloan, quien sostuvo que, con Australia produciendo 64 millones de toneladas de residuos al año, la marcha atrás confundía tanto al público como al sector, y que solo el liderazgo federal podía dar certeza a las empresas y a los consumidores. «Siento que no tratamos a los consumidores con suficiente respeto», añadió, y señaló que los sistemas de depósito de envases habían demostrado que la gente cambia de comportamiento rápidamente.

Los grupos ecologistas fueron más directos. Zoe Deans, de Greenpeace Australia Pacífico, dijo que Coles había «cedido con demasiada rapidez ante una minoría pequeña pero ruidosa» y que sería castigada por los clientes que no querían bolsas ensuciando las playas y matando vida marina. El activista Jon Dee, que puso en marcha la Campaña Nacional contra la Bolsa de Plástico en 2002, dijo que la decisión convertía en «una completa burla» las afirmaciones de Coles sobre los residuos: el ensayo previo de su grupo con bolsas más gruesas había hallado tasas de reutilización «patéticamente bajas», y las bolsas sin precio tenían muchas más probabilidades de usarse una sola vez y desecharse, tardando aún más en degradarse en los cursos de agua.

Bolsas reutilizables gratuitas e indefinidas en cuatro estados —que se seguían cobrando en Australia Meridional, Tasmania, el Territorio de la Capital Australiana y el Territorio del Norte—, además de las advertencias de que las bolsas gratuitas podrían contaminar los cursos de agua durante aún más tiempo.

El cobro era el mecanismo que hacía funcionar las bolsas reutilizables; eliminarlo convirtió una política ambiental de nuevo en un reparto gratuito de plástico.

Un sistema nacional dividido —gratis en cuatro estados, 15 céntimos en otros cuatro— dejó a los clientes sin poder saber cuál era realmente la norma.

La marcha atrás socavó la afirmación de sostenibilidad en la que se basaba la prohibición, entregando la historia a los críticos de Greenpeace y del sector de residuos.

Un empujón solo funciona mientras se mantiene la fricción: ceder ante la primera ola de quejas conserva la mala imagen del cobro sin ninguno de los cambios de comportamiento.

Coles calificó la entrega gratuita de indefinida, y el organismo máximo del sector de residuos instó al gobierno federal a legislar normas nacionales para que las empresas y los consumidores supieran a qué atenerse, mientras Nueva Gales del Sur seguía siendo el único estado que no había legislado ni planificado una prohibición de las bolsas finas.

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Las fuentes

  1. Coles' plastic bag 'flip-flop' disrespects consumers, waste body says ABC News · abc.net.au ·