En 1971, el psicólogo Philip Zimbardo llevó a cabo el experimento de la prisión de Stanford: una prisión simulada en el sótano del edificio de psicología de Stanford, en la que estudiantes voluntarios fueron asignados al azar como «guardias» o «prisioneros». El estudio debía durar dos semanas, pero se dio por terminado tras solo seis días, ya que, según los informes, los guardias se volvieron abusivos y los prisioneros sufrieron angustia.

Durante décadas, el experimento se enseñó como una demostración emblemática del poder de las situaciones: que personas corrientes, colocadas en un rol de autoridad, podían volverse crueles. Se convirtió en uno de los estudios más famosos de la psicología, citado en libros de texto y en la cultura popular como prueba de que es la situación, y no la persona, lo que impulsa el comportamiento.

Pero en años posteriores surgieron dudas serias. Reportajes e investigaciones de archivo revelaron que Zimbardo y su equipo habían adiestrado a los guardias sobre cómo comportarse, que algunos participantes dijeron que estaban actuando y que el estudio carecía de controles adecuados: problemas conocidos como «características de la demanda», en los que los sujetos hacen lo que creen que el investigador quiere. El experimento de la prisión de Stanford se convirtió en una advertencia no sobre la naturaleza humana, sino sobre la metodología de la investigación: cómo un estudio dramático y convincente puede construirse sobre cimientos frágiles y aun así moldear un campo durante décadas.

Probablemente fueron los guardias adiestrados y las características de la demanda, y no la situación, lo que impulsó la crueldad; el dramático resultado moldeó la psicología durante décadas antes de que surgieran las dudas.

Según los informes, Zimbardo y su equipo adiestraron a los guardias sobre cómo comportarse, lo que socava la afirmación de que la crueldad surgió de forma natural de la situación.

Algunos participantes dijeron después que estaban actuando, y el estudio carecía de controles adecuados: clásicas «características de la demanda».

La narrativa dramática y convincente del estudio lo hizo resistente al escrutinio, y se enseñó como un hecho durante décadas antes de que surgieran las dudas.

El experimento se convirtió en una advertencia sobre la metodología de la investigación: cómo un resultado llamativo construido sobre cimientos frágiles puede moldear un campo durante décadas.

Un resultado dramático y convincente no es lo mismo que un resultado válido. El experimento de la prisión de Stanford moldeó la psicología durante décadas antes de que las pruebas de adiestramiento y de características de la demanda sembraran serias dudas.

Hoy el experimento de la prisión de Stanford se enseña tanto por sus fallos metodológicos como por sus hallazgos. Antaño citado como una demostración emblemática del poder de la situación, ahora es una advertencia sobre la metodología de la investigación, las características de la demanda y el peligro de adoptar un resultado dramático sin examinar cómo se produjo. La lección es duradera: una narrativa convincente no es una prueba, y un campo que acepta un resultado llamativo sin un escrutinio riguroso puede construir décadas de conocimiento sobre unos cimientos que quizá no se sostengan.

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Las fuentes

  1. Stanford prison experiment — Wikipedia (1971 study, methodological criticism, demand characteristics) en.wikipedia.org
  2. The Stanford prison experiment — The Guardian (Oct 2001) theguardian.com