A finales de junio de 2020 se supo que la oficina alemana de EY había dejado de solicitar, durante al menos tres años, información de cuenta a un banco de Singapur donde Wirecard afirmaba tener hasta 1000 millones de euros —una confirmación de auditoría rutinaria que podría haber descubierto el fraude. EY había aprobado las cuentas de Wirecard durante más de una década. Después de que la auditoría especial de KPMG no pudiera verificar saldos clave, EY comunicó al consejo que 1900 millones de euros que supuestamente se encontraban en cuentas filipinas aparentemente no existían, y Wirecard se declaró insolvente. Esta es la versión del auditor sobre ese escándalo.
La respuesta de EY fue un memorando de control de daños dirigido a socios sénior: puntos de discusión que explicaban que el «objetivo» del fraude era «engañar a los inversores y a EY», instrucciones para canalizar las conversaciones con clientes a través de su consejero general europeo y sus responsables de riesgo, y la afirmación de que EY merecía reconocimiento por descubrir el fraude porque terceros «con el propósito deliberado de engañar» proporcionaron documentación falsa. El nuevo consejero delegado de Wirecard, James Freis, dijo a los miembros del consejo que las comprobaciones básicas deberían haber detectado el esquema, y afirmó que no podía entender cómo había pasado desapercibido durante tanto tiempo.
Las consecuencias se acumularon rápidamente: el grupo de derechos de los accionistas VEB calificó la actuación de EY de «inaceptable» y exigió una investigación dirigida por BaFin, diciendo que buscaría compensación; el abogado berlinés Wolfgang Schirr presentó una demanda en nombre de unos 1500 inversores que reclamaba hasta 1000 millones de euros a EY; y socios de toda Europa dijeron que el escándalo había causado consternación y podría acelerar los llamados a separar la auditoría de la consultoría.
Una demanda de inversores por 1000 millones de euros con unos 1500 demandantes, llamados a una investigación dirigida por BaFin y socios que advierten de daños a la marca en toda Europa.
Se omitió una confirmación básica de terceros —preguntar al banco que supuestamente tenía el efectivo— durante al menos tres auditorías consecutivas.
EY aprobó las cuentas de Wirecard durante más de una década en medio de señales de alerta públicas, por lo que su assurance fue el producto que falló, no solo la honestidad de un cliente.
La comunicación interna se apoyó en el engaño por parte de terceros mientras los inversores se organizaban en torno al único procedimiento que nunca se realizó.
La calidad de la auditoría depende de un escepticismo rutinario: la carta de confirmación omitida durante tres años fue la diferencia entre detectar el fraude y avalarlo.
Wirecard dijo que el negocio continuaría en insolvencia —aunque suspendió los salarios de junio en Alemania, Francia y Luxemburgo— mientras la demanda de Schirr y la presión de VEB por compensación situaban una posible responsabilidad de 1000 millones de euros y una investigación regulatoria ante EY, cuyos socios de servicios no de auditoría comenzaron a discutir abiertamente la separación del negocio de auditoría.
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Las fuentes
- EY prepares for backlash over Wirecard scandal The Irish Times · irishtimes.com ·