El primer día de Disney+, el 12 de noviembre de 2019, sus 10 millones de suscriptores iniciales sufrieron una serie de caídas del servicio. La empresa atribuyó los fallos a la alta demanda y a la forma en que los ingenieros habían «arquitecturado la aplicación», una admisión de que el problema era el diseño de la plataforma, no terceros.

La confianza inicial era alta. Michael Paull, responsable de Disney Streaming Services, había declarado a The Verge en agosto que años gestionando grandes emisiones —estrenos y finales de Game of Thrones— habían preparado al equipo para un lanzamiento de ese tamaño. No fue así. Los nuevos suscriptores no podían iniciar sesión, y quienes lo lograban encontraban casi imposible reproducir contenido. Cuando los rumores culparon a Amazon o a plataformas de terceros, Kevin Mayer, responsable de la división de consumo directo de Disney, los desmintió: «Tuvo que ver con la forma en que arquitecturamos la aplicación... No fue Amazon».

Disney+ funcionaba con tecnología de BAMTech —la plataforma que impulsaba los servicios digitales de la MLB y salvó el lanzamiento de HBO Now—, pero Mayer dijo que BAMTech nunca había visto el tráfico que trajo Disney+: «Nunca habíamos tenido una demanda como la que vimos ese día y la que seguimos viendo... Había algunos límites en la arquitectura que teníamos implementada [que] se nos hicieron evidentes y antes no lo eran». Un problema de programación también rompió el punto donde se reanudaban las películas en la función de continuar viendo; se prometieron correcciones en cuestión de semanas.

Caídas del servicio el día del lanzamiento en toda la plataforma: los usuarios no podían iniciar sesión, la reproducción era casi imposible y la función de continuar viendo se rompió.

El equipo dimensionó su confianza según las mayores emisiones anteriores de BAMTech, no según un día en que millones se registrarían y reproducirían contenido a la vez.

10 millones de suscriptores el primer día era un perfil de tráfico que nadie en BAMTech había atendido jamás, y los límites de la arquitectura solo se hicieron evidentes bajo esa carga.

Culpar a plataformas externas se descartó pronto: Mayer confirmó públicamente que la culpa era de la arquitectura interna de la aplicación.

Un defecto de programación independiente en la función de continuar viendo demostró que el software cliente tampoco estaba listo para su primera audiencia real.

Los éxitos de carga máxima del pasado no certifican una arquitectura para el siguiente orden de magnitud: un lanzamiento récord debe someterse a pruebas de carga a escala récord, no a la del último récord.

Se esperaba que las actualizaciones del cliente para corregir la aplicación, incluido el defecto de continuar viendo, se distribuyeran en cuestión de semanas. Mayer reconoció que Disney era nueva en este terreno —«ahora que hemos pasado por este lanzamiento, veo lo difícil que es»— y dijo que esperaba que en un par de años Disney+ estaría «llamando a esa puerta» de Netflix, que atendía a 160 millones de clientes con muy pocos problemas de caídas.

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Las fuentes

  1. Disney+ crashed on launch day because its software wasn't ready for the demand The Verge · theverge.com ·