En 2009, el magnate del carbón de Australia Occidental Ric Stowe pasó de la minería a la generación, construyendo la central eléctrica Bluewaters de 440 MW para quemar carbón de la mina de Collie que controlaba. Parecía, como lo expresó el consultor energético Peter Kerr, "una receta para imprimir dinero": un mercado del carbón boyante, poca competencia renovable, Stowe pagando grandes bonificaciones para apurar al personal y trayendo a Jimmy Barnes para un concierto de agradecimiento. Al año de que la planta entrara en operación, los inversores cortaron el apoyo al imperio de Stowe.

En 2011, las japonesas Sumitomo y Kansai Electric compraron Bluewaters en una transacción de 1200 millones de dólares —unos 500 millones estimados de capital propio, el resto deuda—. Lo que no pudieron comprar fue la transición: las renovables seguían abaratándose mientras la economía del carbón —plantas enormes que deben funcionar día tras día— no podía hacer frente. Bruce Mountain comparó las plantas de carbón con "conducir un B-double por el centro de una ciudad — ineficientes, no pueden hacer parar y arrancar". En 2020 los propietarios concluyeron que no recuperarían nada de los 500 millones y amortizaron la inversión por completo.

El contexto hizo de la amortización una señal más que una excepción: Origin Energy adelantó el cierre de Eraring, el mayor generador de Australia, a 2025; Australia Occidental se comprometió a cerrar sus plantas de carbón restantes para 2029; y tanto el gobierno de Queensland como AGL adelantaron sus salidas del carbón a 2035. Bluewaters —la planta de carbón más nueva de Australia— se convirtió, en palabras de la ABC, en un símbolo de las desgracias de la industria.

Unos 500 millones de dólares estimados de capital propio de la compra de 1200 millones se amortizaron en 2020, y la planta se convirtió en un símbolo del colapso del carbón.

La compra de 2011 redobló la apuesta por el carbón de carga base justo cuando las renovables empezaban a ganar la batalla económica en la red eléctrica de Australia.

El modelo de economías de escala de las plantas de carbón exige funcionar a plena capacidad, algo que las renovables variables y baratas hacen imposible de rentabilizar.

La lógica original de integración vertical —mina alimentando planta— murió con el imperio de Stowe, dejando la planta como una apuesta independiente al carbón.

Para 2020 los propietarios aceptaron que no había camino para recuperar el capital propio, y optaron por la amortización en lugar de esperar.

Comprar lo más nuevo de una tecnología moribunda sigue siendo comprar la tecnología moribunda: la novedad y la escala no protegen a una planta intensiva en capital de un sistema más barato que la supera en flexibilidad.

Sumitomo y Kansai Electric absorbieron la pérdida y siguieron adelante; la planta siguió operando en un mercado que iba dejando atrás el carbón. El plan de junio de 2022 de AEMO para el mercado eléctrico nacional calificó de urgente la necesidad de capacidad de reemplazo —nueve veces más eólica y solar a gran escala, cinco veces más solar en tejados y el triple de capacidad de firmeza— mientras un anuncio tras otro sobre carbón se sucedían en toda Australia. Bluewaters se erige ahora como el caso de referencia de comprar carbón en la cima de su ciclo.

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Las fuentes

  1. Australia's newest coal plant Bluewaters strips fortunes amid rapid rise of renewable energy ABC News · abc.net.au ·