En 2018 estalló un escándalo que puso al descubierto la laxitud con la que Facebook había gestionado los datos de sus usuarios. Un investigador llamado Aleksandr Kogan había creado una aplicación de cuestionarios de personalidad («thisisyourdigitallife») que unos cientos de miles de personas utilizaron. Pero la aplicación también recopilaba datos de sus amigos de Facebook, y acabó extrayendo la información personal de hasta 87 millones de usuarios, muchos más de los que habían dado su consentimiento. Esos datos se entregaron a la consultora política Cambridge Analytica.

Cambridge Analytica utilizó los datos para la elaboración de perfiles y la segmentación política, incluidos trabajos para las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2016 y el referéndum del Brexit. Cuando la historia se hizo pública, desató una tormenta global sobre la privacidad, el consentimiento y el poder de las plataformas de redes sociales. La etiqueta #DeleteFacebook se volvió tendencia y la reputación de Facebook en la gestión de datos de usuarios quedó destrozada.

Las consecuencias fueron enormes. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, fue citado a declarar ante el Congreso de EE. UU. y el Parlamento Europeo. En 2019, la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. multó a Facebook con 5.000 millones de dólares, la mayor sanción por privacidad de la historia, por engañar a los usuarios sobre su capacidad de controlar sus datos. Cambridge Analytica se hundió y cerró. El escándalo se convirtió en un momento decisivo en el debate sobre la privacidad de los datos y el poder de las grandes tecnológicas.

Las débiles salvaguardas de Facebook permitieron que una aplicación de cuestionarios recopilara 87 millones de perfiles, lo que dio lugar a una multa de 5.000 millones de dólares de la FTC y al colapso de Cambridge Analytica.

La plataforma de Facebook permitió que una aplicación de cuestionarios recopilara no solo los datos de sus usuarios, sino también los de sus amigos, exponiendo hasta 87 millones de perfiles sin un consentimiento significativo.

Facebook sabía de la recopilación de datos en 2015, pero no garantizó adecuadamente que se eliminaran ni notificó a los usuarios afectados.

Cambridge Analytica utilizó los datos para la elaboración de perfiles y la segmentación política, lo que encendió las alarmas sobre la manipulación de elecciones.

El escándalo puso al descubierto un modelo de negocio basado en recopilar y monetizar datos de usuarios con salvaguardas y supervisión débiles.

Cuando tu modelo de negocio consiste en recopilar datos de usuarios, cada salvaguarda débil es una brecha que espera a ocurrir. Facebook permitió que una aplicación de cuestionarios recopilara 87 millones de perfiles y nunca comprobó adónde iban a parar.

El escándalo de Facebook y Cambridge Analytica fue un momento decisivo en el debate sobre la privacidad de los datos y el poder de las grandes tecnológicas. Dio lugar a una multa récord de 5.000 millones de dólares de la FTC, a la comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Congreso y el Parlamento, al colapso de Cambridge Analytica y a reformas duraderas, incluida la atención global que atrajo el RGPD de la UE. La lección es duradera: una plataforma basada en recopilar datos de usuarios debe protegerlos con la misma intensidad con que los recopila, porque el día en que el público se entera de la laxitud con que se gestionaron, la confianza que sustenta el negocio se evapora.

CONSULTA LAS PRUEBAS

Las fuentes

  1. FTC — 'FTC Imposes $5 Billion Penalty and Sweeping New Privacy Restrictions on Facebook', 24 July 2019 (related action against Cambridge Analytica) ftc.gov
  2. Facebook–Cambridge Analytica data scandal — Wikipedia (87M profiles, $5B FTC fine) en.wikipedia.org
  3. BBC — Facebook Cambridge Analytica: US fines social network $5bn bbc.com