Charul, con sede en Sakura-ku, ciudad de Saitama, comenzó en febrero de 2021 como un negocio de reparación de bolsos de cuero y arreglo de prendas de vestir, y luego pasó a comprar y vender artículos de lujo y de marca de segunda mano, especialmente relojes de lujo usados.
El giro funcionó al principio. Las ventas de relojes usados de alta gama despegaron y, en el ejercicio fiscal que terminó en noviembre de 2025, la empresa registró unos ¥1.400 millones en ingresos, un crecimiento rápido para un minorista de tres años.
El crecimiento llamó la atención de la oficina tributaria. Una auditoría derivó en una exigencia de impuesto al consumo atrasado más un recargo elevado, una factura que la empresa no pudo absorber. El Tribunal de Distrito de Saitama emitió una orden de inicio de quiebra el 18 de febrero de 2026, con un pasivo total de unos ¥270 millones.
El rápido crecimiento de las ventas atrajo una auditoría fiscal, y los impuestos atrasados resultantes más el elevado recargo, unos ¥270 millones de pasivo, hundieron a la empresa.
El rápido crecimiento de las ventas de relojes usados de alto valor atrajo una auditoría fiscal, y los impuestos atrasados más el elevado recargo resultaron cuantiosos para una operación de márgenes ajustados.
El dinero estaba inmovilizado en inventario costoso durante la fase de expansión, sin dejar colchón para absorber una exigencia tributaria cuando llegó.
Una empresa joven que había escalado sus ingresos en dos años no tenía reservas ni estructura para sobrevivir a un golpe de ¥270 millones de pasivo.
Un minorista que crece rápido con artículos de alto valor arrastra una factura fiscal que crece con él. Cuando la oficina tributaria presenta una exigencia de impuestos atrasados, una empresa joven con el dinero en inventario no tiene reservas para pagarla.
El Tribunal de Distrito de Saitama emitió una orden de inicio de quiebra para Charul el 18 de febrero de 2026, con un pasivo de unos ¥270 millones, después de que la oficina tributaria exigiera el impuesto al consumo atrasado y un elevado recargo. El comercio de relojes de lujo de segunda mano siguió creciendo, pero sus operadores quedaron cada vez más expuestos al escrutinio fiscal.
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